JOSÉ Y LA TRIBU
Hace 15 años el menor de los
Romero, José, fue separado de su familia. Matías y Juan, sus hermanos
mayores, los buscan desde hace algunos
años.
En el pueblo cuentan que fue
llevado al corazón de una tribu del Amazona. Matías y Juan desesperados
decidieron dejar su pueblo natal misionero y salir en busca de su hermano
menor.
Una madrugada con pocos
elementos tomaron la canoa de Don Enrique que la tenía desde chiquito, pero
hubo un mínimo problema, los remos de tantos años sin usar se rompieron
inesperadamente en el medio del cruce del río. Los hermanos
tomaron de por allí unas ramas para ayudarse en su navegación, pero el
río traicionero envolvió al bote en una turbulencia y terminaron cayéndose al
agua, Matías no sabía nadar pero Juan lo fue a ayudar tomándolo de sus hombros
arrastrados por la intensa corriente. Alcanzaron a tomar un tronco que viajaba
junto a ellos y lograron subirse a él. La corriente los llevaba a caer derecho
por un salto de agua, entonces haciendo fino equilibrio se pararon sobre el
tronco casi surfeando y saltaron hasta
las lianas de un gran árbol fuerte y viejo. Al mirar hacia abajo descubrieron
la presencia de dos yacarés ansiosos y hambrientos que no resignarían por nada del mundo a sus
deliciosas presas. Los hermanos Romero comenzaron a balancearse en sus lianas
hasta llegar lo más cerca de la vera del río donde decidieron lanzarse.
Ya en tierra firme brasileña ansiaban
tomarse un descanso. Mientras cambiaban el aire escucharon pasos y murmullos. Se
escondieron entre unos arbustos para ver de qué se trataba. Lograron ver que
era un grupo de hombres armados, llegaron a la conclusión de que se trataba de
los traficantes que operaban de costa a costa. Lo mejor sería que no los
descubriesen. Pero Juan no pudo resistir estornudar y así su ruido provocó un
tiroteo. Arrastrándose por el barro lograron escapar de una muerte segura.
A lo lejos descubrieron una choza pequeña
donde corrieron a refugiarse.
En el interior del refugio los
recibió un viejo sabio de una tribu cercana. Matías no dudo en contarle sobre
su búsqueda y si conocía la historia de un niño misionero perdido en la selva.
El anciano conocía aquella historia y les dijo que aquel niño se encontraba
habitando en una tribu a pocos kilómetros de allí. El anciano les ofreció su
caballo para que continuaran su camino.
Galopando sin descanso los
cubrió la noche y perdieron el rumbo. El caballo asustado por el ruido de los
animales salvajes comenzó a relinchar y terminó escapándose y los jóvenes desahuciados
se sentaron abatidos sin saber qué hacer. Pero de pronto apareció frente a
ellos un grupo de indios junto al viejo
sabio, entre ellos estaba el más chico de los Romero y felizmente se abrasaron.
Decidieron quedarse junto a ellos a conocer la cultura de la tribu que tan bien
habían cuidado de su hermano menor.
Continuara…
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