domingo, 28 de julio de 2013

Cruzando el limite

                  1905. Mi primer trabajo como jardinero, hace frío pero nada detiene mis ánimos de ganar mis 25 pesos por arreglarle el jardín al seño Marcos, el malhumorado del barrio. Yo en cambio, estoy siempre alegre y feliz por mi trabajo aunque cuando se trata de esa zona me siento asustado y con muchas ansias de abandonarlo todo.
                   Ya terminé de cortar el césped, solo me falta la parte trasera. De repente, Marcos termina de almorzar y me avisa de que tenga cuidado con los pozos que se encontraban escondidos en el pasto.
                  Su jardín era una inmensidad y cortando el césped, me tropiezo con un amontonamiento de barro, cosa resbaladiza. Al tropezarme, caigo a uno de los tantos pozos que hay en el jardín. El pozo ocupa la medida exacta de todo mi cuerpo, no puedo moverme para los costados ni para arriba porque el hoyo parece estar sellado, el único movimiento que puedo realizar es arrastrarme hacia adelante. Al hacer esto caigo nuevamente como si en el pozo hubiera un subpozo pero esta vez, el espacio era muy amplio.
Inmediatamente las paredes de barro comenzaron a moverse y de un túnel veo que salen personas pequeñas, tan diminutas que su altura me llega hasta las rodillas.
                  Estos hombrecillos, que parecían duendes,  me rodean y  cuentan que Marcos no es un hombre normal, sino que es un hechicero con el objetivo de encerrar a las personas y convertirlas en enanos y dejarlas atrapadas en un mundo sebterraneo.
Los hombrecillos me cuentan que tengo un par de  horas antes de convertirme en uno de ellos y que para evitarlo debo  encontrar una salida  secreta, que ellos no lo lograron, y que están dispuestos  a ayudarme en la búsqueda de la misma.
                  Con unos polvitos mágicos que arrojan los duendes podemos ver una luz que filtra por una de las paredes de barro y empezamos a escarbar. Luego de un largo rato descubrimos un laberinto. Los duendes piensan que esa es la salida que ellos pueden ayudarme a resolver pero que ya no pueden salir justamente por su transformación. Nos dividimos en grupos y elegimos diferentes direcciones.
                   Al llegar al final del laberinto, nos reencontramos los dos grupos. Las dos opciones llegaban al mismo final, entonces superando mi decepción y con poco tiempo, se me ocurre mirar hacia arriba y veo nuevamente una luz que filtra entre lo que parecen raíces.
Los duendes forman una torre con sus cuerpos y me ayudan a subir.  Empujo fuertemente con mis manos la tierra con raíces.
                   Al fin estoy fuera en un lugar desconocido para mi, lleno de ríos y bosques.
                   Me decido a recorrerlo y ver que me espera, al menos no me he convertido en un duende.

                  Si alguien encuentra esta nota aquí, sabrá que no está solo.